“¿A quien buscáis?” la voz tan a floresta
sonaba, con tan manso y firme acento
que antorchas y linternas en un momento
fijas quedron y su lumbre enhista.
“A Jesús Nazareno”, alguien contesta.
“Yo soy”. Y se derrumba ante el violento
soplo del declarado advenimiento
la carne pusilánime y mampuesta.
“Yo soy”. El ser es. Se nombra el Nombre.
El Padre y el Espíritu consisten.
Todo es presencia, luz, ontofanía.
Oh Eternidad con Tiempo, Dios con Hombre.
Oh voz, a quien abismos no resiten.
Oh más allá del eco lejanía.
GERARDO DIEGO
sonaba, con tan manso y firme acento
que antorchas y linternas en un momento
fijas quedron y su lumbre enhista.
“A Jesús Nazareno”, alguien contesta.
“Yo soy”. Y se derrumba ante el violento
soplo del declarado advenimiento
la carne pusilánime y mampuesta.
“Yo soy”. El ser es. Se nombra el Nombre.
El Padre y el Espíritu consisten.
Todo es presencia, luz, ontofanía.
Oh Eternidad con Tiempo, Dios con Hombre.
Oh voz, a quien abismos no resiten.
Oh más allá del eco lejanía.
GERARDO DIEGO
Maravilloso el texto que nos acercas, maravillosa la reflexión del lugar y los hechos en que comienza la Pasión.
ResponderEliminarUn besote enorme de tu tata.